Bilbao, New York y Kirmen

Todo eran buenas críticas. Un soplo de aire fresco en la literatura vasca, y mucho más. Al coger el ejemplar, editado por Seix Barral y en castellano (traducción del euskera, que quizá haya que tenerlo en cuenta), pude ver como Booklist, The Harvard Book Review, el PEN American Center, Los Angeles Times Book Review, American Poet, y medios autóctonos como El Correo o El Diario Vasco alababan con pomposos calificativos la nueva obra del autor vasco más internacional de la actualidad, Kirmen Uribe. Las expectativas por lo tanto, eran bastante altas.

 

Bilbao-New York-Bilbao

Bilbao-New York-Bilbao

‘Bilbao-New York-Bilbao’, es un libro que retrata, como la contraportada cuenta de manera muy gráfica, “un mosaico de recuerdos y narraciones que conforman un homenaje a un mundo prácticamente extinguido, a la vez que un canto a la continuidad de la vida”.

El homenaje a la tradición de aquellos que regalaron su vida al mar, que se convierte en bloque principal (y encontenedor de poesía, anécdotas y historia sociopolítica de nuestros antepasados) de la historia de la familia del propio escritor; junto a un viaje de avión, que hace de hilo conductor, es conmovedor, y ‘bonit0’. Y ‘bonito’ me parece una buena definición, pues siempre me ha parecido un adjetivo que hace sentir bien por su simpleza, sin demasiada pasión. Igual que el libro del que hablo, que se me antoja demasiado ‘simple’. La habilidad narrativa y poética de Kirmen Uribe está fuera de toda duda, y lleva demostrando desde mediados de los noventa que es un espejo en el que se tiene que mirar la nueva novela vasca; sin embargo, el relato de ‘Bilba0-New York-Bilbao, se me antoja como ya decía, falto de complejidad en la forma y en el lenguaje, y en ocasiones, peca de resultar algo ‘cursi’, si se me permite la expresión.

Quizá, y este sea su gran punto débil, se queda en ‘cuento’, cuando bajo mi punto de vista, podía haber sido mucho más exprimida, ya que la idea y el contenido son excelentes en todo momento y deberían de haber dado más juego (o jugo). De hecho, y aunque con posteriores reflexiones la historia, el trasfondo y todo lo implicito en la narración de la novela han ido creciendo en mí, al principio supuso una decepción bastante grande.

Me gusta que un autor vasco se codee y mire de tú a tú a autores extranjeros. Y quizá, el mayor logro de Uribe consigue es que su obra sea medida con la vara con la que podemos medir a autores anglosajones, hispanoparlantes o checos, en vez de (y este es uno de los grandes problemas de la literatura vasca) medirnos con nosotros mismos (que es lo que llevamos haciendo desde el siglo XIX), calificando como buenas obras realmente mediocres, entrando así en un bucle del que la literatura autóctona dificilmente saldrá para poder alcanzar un gran nivel.

La novela ha conseguido varios galardones: Premio Nacional de Narrativa 2009, Premio Nacional de la Crítica 2008 en lengua vasca, Premio de la Fundación Ramón Rubial y Premio del Gremio de Libreros de Euskadi. Y lo cierto es que es un gran libro… sin embargo, me queda el sabor de boca de que podía haber llegado a más.

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