memories

abril 14, 2010

Me detuve bajo el arco de que antiguamente hacía las veces de entrada y salida a la ciudad. A través del cristal de mis gafas vi e intenté hacer el esfuerzo de recopilar mentalmente todo lo que en aquel momento ocurría en la plaza. Dos señoras hablando a voz en grito, tres niños jugando a la pelota que molestaban a un señor mayor con pipa y sombrero detectivesco que a su vez atendía las rasgadas de guitarra de un músico callejero que intentaba hacer una versión de ‘Hey Jude’ de los Beatles, un gato, unas treinta personas hablando riendo y fingiendo o pareciendo ser felices en dos terrazas, una de una cervecería y la otra de una cafetería, un conocido leyendo el periódico que había adquirido en el quiosco que regentaba un viejo de bigote que en aquel momento atendía a dos clientes que compraban revistas y libros.

No tengo buena memoria, sin embargo, parece que todavía me acuerdo, supongo que será porque estabas tú conmigo, no lo sé. Nos despedimos y decidí marcharme a la taberna en la que ahogaba mis penas habitualmente.

Oscar, el dueño y camarero de aquel oscuro y medio putrefacto antro que olía a ajos, intentó conversar conmigo, pero fue en vano, ya que con mi ya habitual sequedad, rechacé su propuesta de burdo y vacío intercambio de frases. “No me apetece conversar. Más vale que me dejes en paz, amigo”. Al rato y después de dos o tres cervezas, entré al baño.

Mientras meaba, escuché un ruido. Mierda, pistolas y gritos, a juzgar por lo que pude escuchar, estaban robando a Oscar. Terminé la meada, entré en el cagadero, y me subí a la taza. Uno de los atracadores entró baño. A mear quizá, a ver si había algún cabrón por ahí tal vez. Tuve suerte y en breves,  se marchó.

Estuve un rato más allí, y cuando parecía que el asunto se había calmado y el ruido había cesado hace rato, salí de mi escondite. Con prudencia, asomé la cabeza y vi a Oscar sangrando y aparentemente inconsciente. Recogí mi chaqueta y me marché. No sé si aquel tipo salió con vida de aquello, ni si le robaron, o lo atacaron por un ajuste de cuentas, o algún otro asunto turbio. Ni lo sé ni me importa. Nunca más volví a esa taberna.

Yo no era ni pretendía ser un puto héroe.


Brutal

abril 7, 2010