Gaur zortzi

agosto 19, 2009

Dentro de ocho días iniciaré una de las que se supone serán las aventurillas de mi vida. Sí, esas que recordaré y de las que hablaré a mis nietos, que probablemente se descojonarán de mi porque ellos irán a la luna o a marte cuando tengan mi edad.

Me voy de Erasmus, y eso, en principio, mola. Llevaba todo el verano sin pensarlo demasiado, pero coño, quedan ocho días. Que se pasan volando eh. Así que lo dicho, me voy. Dejo Tolosa, dejo Gipuzkoa, dejo Euskadi. La verdad es que nunca he estado en Holanda, y no sé lo que me espera. Frío, supongo. Viviré en Groningen.

No sé si echaré de menos esto. No sé si echaré de menos a la gente de aquí y todo eso la verdad. Me voy hasta Febrero, así que tampoco es que sea mucho tiempo. Creo que lo pasaré bien.

También pueden ocurrir cosas malas. Puedo infectarme con la Gripe-A a tomar por culo de mi casa, puede darme una inoportuna infección de apéndice, o cualquier cosa de ese plan… lo que sería bastante contraproducente como experiencia vital. Bueno o igual no. No lo sé. Me forjaría como persona, supongo. Lo poco que sé sobre Holanda es que se anda en bici y se fuma porros. Ya os contaré.

Lo dicho, supongo que en breves empieza una nueva etapa de mi vida. Informados quedáis.


9,58

agosto 17, 2009

21

agosto 10, 2009

D.E.P.


Asco nº1

agosto 9, 2009

Sudoroso. Acalorado hasta límites insospechados. Incomodo. No era aquel mi lugar, no era mi tiempo, pero al fin y al cabo, allí estaba. No eran buenos tiempos para los tipos como yo. Mi camisa deshilachada y mis shorts agujereados reflejaban mi vida y mi alma. Era verano, por eso sudaba.

Entre sudor y ardor estomacal vivía por aquel entonces, fruto de la adicción al alcohol a la que me había adscrito tan pronto como entendí que era la única manera de escapar de todo aquello. Vida ruin, rastrera y rutinaria. Sin principio ni final. Como dirían los románticos, caminaba hacia la perdición.

La debacle había comenzado hacía mucho, pero se acentuó cuando descubrí que me había quedado sin trabajo, sin pareja y por consiguiente, sin demasiado dinero con el que sobrevivir. La típica historia de varón de cuarenta, orgulloso ex miembro de la clase media-alta.

Sin embargo, había decidido poner punto y final a aquel deprimente y rutinario día a día. Tenía tiempo libre y había llegado el verano. Llevaba años sin disfrutar de un verano de verdad, y aquella era la oportunidad idónea para hacerlo. Vacaciones en el mar. Sol, mujeres y alcohol. Lo necesitaba.

Y ahí estaba yo. Habiendo reunido los últimos malditos ahorros que me quedaban, en un hotel. En un maldito hotel de cinco estrellas. Era una locura, pero necesitaba hacerla. Decidí que lo mejor sería disfrutar de la primera noche de mi estancia.

Hacía un calor insoportable. La discoteca estaba a reventar y necesitaba algo más. La música a un volumen ensordecedor, era basura. Entré al baño y me puse una raya. Farlopa. Calidad escasa, tampoco pedía más y el precio pagado no había sido excesivo.

Sentí como la cocaína entraba por mi fosa nasal derecha. Irritaba, pero al llegar al seno de mi cerebro, el estallido de sensaciones me proporcionaba lo que necesitaba. No sabía por qué me drogaba, no había que buscar razón. Mi educación me había intentado apartar de todo aquello, pero tampoco es cierto que me metiera por ir contracorriente.

Quizás lo mejor era no buscar razón.

Salí del baño después de acicalarme y limpiarme la nariz. A la gente le producía una especie de admiración que otra gente se drogara, sin embargo los restos de blanca no estaban bien vistos. Inexplicable, pero así era. Hipocresía.

El panorama era objetivamente despreciable, pero me encantaba. La gente bailaba sin seguir el ritmo, no hacía falta. Disfrutaban de un rato de diversión sin complejos, felicidad tan real como ficticia, solía pensar yo. Alcohol, drogas, música.

Podía sentir la música como si de verdad me gustara, me sentía más vivo que nunca. El siguiente paso, buscar a la presa. Intentar encontrar un cuerpo, un alma. Compañía para un rato, no buscaba más

Me sabía atractivo. Era espigado y mis facciones se ajustaban al canon de belleza establecido. No me era difícil resultar agradable y decían de mi que tenía “ese don” para las mujeres. Esa vez tampoco fue difícil.

En menos de una hora, con un par de copas de por medio y una conversación tan insulsa como agradable, lo había conseguido. Me encontraba en el asiento trasero del coche de la chica. “Sexo gratuito y sin complicación” pensé. También sabía que aquello no me producía el placer que otros decían sentir. Mientras la besaba y manoseaba, pensaba en otras cosas. Mientras la chica succionaba yo pensaba en otras cosas. Tarareaba canciones en mi mente. Joy División o Depeche Mode, probablemente. Siempre que tenía relaciones sexuales hacía lo mismo. Si no, me aburría.

La noche había sido un éxito. Aquel verano pintaba realmente bien.