En estos tiempos que corren, en los que la vida del libro parece peligrar ante los nuevos soportes digitales, la industria editorial ha de buscar nuevas formas de promocionar sus ejemplares, y de conseguir que el lector apueste por el formato de toda la vida.
Hay editoriales que lo hacen, y anteayer no pude evitar sonreír y llevarme de la estantería de la librería a casa ‘La pesca de la trucha en América’, editado por la barcelonesa Blackie Books. No voy a mentir, iba con la intención de comprarlo, pero el detalle que ahora os cuento me encandiló.
El libro, a primera vista, parece totalmente normal. Aunque es cierto que se nota la edición cuidada en las tapas, el original diseño y demás, no parece que tenga nada anormal, incluida la típica banda de papel/plástico en la que se nos da una breve descripción, alguna referencia de algún medio alabando la obra o informándonos de que estamos ante la vigesimosexta edición.
Ahora ya sabemos quien es el autor, así que podemos proceder a lo que de verdad queremos, a lo que nos interesa: disfrutar de su obra.




Los libros físicos no deben desaparecer nunca. Es más, en el Casco Viejo de Pamplona está mi librería fetiche. Obras clásicas, con ese olor a viejo, a usado, a sabio que tanto me gusta. Cada ejemplar vale de 2 a 5 euros. Yo allí me forro. Y el vendedor es uno de los tipos más interesantes y curiosos que he conocido.
Por mucho que cada día aparezcan más y más inventos contra el papel, el libro no debería de desaparecer nunca, porque es algo físico, algo que tocas. Yo, que humildemente escribo uno, me gustaría llevar a verlo publicado un día, tocarlo, pasar las páginas, y no leerlo a través de un PDF
cuando acabes me lo pasas…