Llegan momentos cruciales en la vida de todo hombre o mujer en los que hay que recapacitar. Parar un momento a pensar. Hacer balance de todo lo hecho y lo no hecho, de todo lo sentido y sin sentir, de todo lo visto y de lo desconocido. Frenar, recapacitar y actuar. Decidir lo que has de hacer con la vida es siempre dificultoso. En ocasiones, no hay respuesta a tan magna pregunta, y lo decidido decidido estará, pero nunca será correcto o incorreto, porque simplemente, lo correcto y lo no correcto no existen en este ámbito. Bueno, me enrollo. Decía que hay que frenarse y pensar, aprender de los errores y intentar definir cuales serán los objetivos por los que lucharemos a partir de ahora. El momento de hacerlo no te lo marcará nadie, ni siquiera serás tú quien lo decida. Simplemente vendrá, y como viene se irá. Para entonces, la decisión estará tomada y marcará tu devenir por siempre jamás.
Sin embargo, nos da miedo hacerlo. Es más fácil y cómodo seguir a trancas y a barrancas, dejarnos llevar como la mota de polvo que vuela gracias al viento, que decide su destino y su futuro. Definitivamente, es mucho más fácil. Parece una tontería, pero creo que la vida es así, y que este punto es básico. De todas formas no creo que se trate de madurar, ni de convertirte en alguien de provecho, ni nada parecido.
Y bueno, aquí ando, con reflexiones absurdas que me hacen creer de una manera pseudoficticia que quiero tomar decisiones cuando en realidad no sé ni lo que quiero.
Abril 24, 2009 a las 12:20 pm |
parece que estas dilucidando entre matar a alguien o no. o suicidarte o algo!!!!
Abril 24, 2009 a las 9:40 pm |
Lo bueno de tener que pararte a reflexionar y a tomar decisiones es que cuando lsa tomas te sientes mejor que nunca, con ganas de empezar algo nuevo.