Gin Soaked Boy

Octubre 18, 2009

Lo peor eran las noches.. La botella de whisky bajo la penumbra. Las estrellas tapadas por nubes y la luna intentando iluminar la triste vida que nos había tocado vivir. Y la triste y cruda voz de Tom Waits de fondo, volviendo a recordármelo.

Era momento de reflexión, de rememorar tiempos pasados, siempre mejores. Era momento de recordarte y recordar tu olor a pomelo y caramelo. Era momento de recordar las largas tardes de extrema tranquilidad.

Era momento también para pensar en los motivos que hicieron que todo explotara y también en analizar los errores. Eran fáciles de reconocer y difíciles de corregir.

Algunos me preguntaban si estaba deprimido. Para nada, no lo estaba. Simplemente, me reventaba el hecho de haber vuelto a fallar.

Cogí el abrigo y salí a la calle. Era lo mejor que podía hacer.

Me gustaba disfrutar de la ciudad de noche. No había nadie. Quizá por eso me gustaba. A veces pensaba que no me gustaban las personas, sin embargo no creo que fuera verdad, porque también disfrutaba de la presencia de algunas. Era complejo.

Por la noche la tranquilidad lo inundaba todo. Solo escuchaba silencio y eso me gustaba. Disfrutaba de verdad. Podía reflexionar, y volver a pensar en todo lo que había pensado tantas veces con anterioridad. Ya no quedaban nuevas reflexiones que hacer, sin embargo, volví a intentarlo. Hacía frío.

La tranquilidad se desvaneció cuando apareció una extraña y misteriosa silueta en la penumbra. Debido a la neblina, me costó discernir la realidad. Era una chica. Pasó por delante y me miró a los ojos. Eché a temblar.

Saqué mi iPod y me coloqué con cuidado los auriculares. Deslicé mi dedo por el menu hasta que encontré a Waits de nuevo. Pulsé play y volví a adentrarme en su mundo de humo y tristeza. Di media vuelta y volví a casa. Gin soaked boy.


Caos

Octubre 5, 2009

Era mejor no pensar en la noche anterior. Siempre hacía lo mismo. Accionaba el botón de suprimir de mi cerebro y los recuerdos desaparecían. La noche anterior nunca había existido. No al menos para mi.

La habitación olía fatal. El hedor fruto de sudor, restos de alcohol y de diferentes drogas era algo que detestaba. Pero no importaba, el dolor de cabeza era tan intenso que hacía que el olor fuera incluso imperceptible para mi. Iba a reventarme el cerebro. Sentía como cada vez que el corazón bombeaba la sangre que me mantenía vivo el sonido de los latidos retumbaba en mi cabeza.

Me levanté de la cama, y me decidí dirigirme al baño. Me mareé. La habitación me daba vueltas. Llegué al baño y en vez de mear, vomité.

El tiempo nunca corría para mi, pero sí para otros, así que decidí ducharme, vestirme y salir a la calle.

El viento me zarandeaba mientras andaba por las calles de la ciudad como si fuera una bolsa de papel. Sin embargo estaba recuperándome, siempre me pasaba igual. La calle ejercía de bálsamo para mi.

La ciudad me encantaba. Muchísima gente yendo de un lado para otro sin cesar. Bullicio y actividad por doquier. Sin embargo yo era diferente a la mayoría, no me limitaba a ir del punto A al punto B sin pensar en otra cosa que en llegar al destino. Me entretenía mirando a la gente, disfrutando de la ciudad, de su arquitectura y de sus múltiples opciones para disfrutar de la vida.

Sin embargo aquella mañana tenía quehaceres, así que era una oveja del rebaño más.

Al llegar a mi destino, me asaltaron miles de dudas. ¿Qué debía de hacer? ¿Por qué iba allí? Toqué la puerta.

Me abrió y sonreí. Ella también sonrió. Entré y comenzamos a conversar. En realidad estaba allí porque había querido, pero no me sentía para nada cómodo. Conforme la conversación avanzaba, la cabeza me dolía más y más. Me tomé una copa y seguí conversando. De repente, y sin motivo aparente, sentí que aquel no era mi sitio, que tenía que marcharme. Odiaba a esa zorra.

Le pedí disculpas y me inventé una llamada inesperada. Mi madre en el hospital. Cogí mis cosas y salí corriendo. Al cerrar la puerta tras de mi, comencé a correr. Huía, una vez más. El camino a casa se me hizo eterno. La gente con la que me cruzaba me miraba de manera extraña. Para mi sus rostros eran irreconocibles. Solo quería correr.

Llegué a casa. Entré, me desnudé y me metí en la cama.

Siempre fui un cobarde.


Letters from the Netherlands (I)

Septiembre 7, 2009

Hi! What’s up?

Llevo ya unos días en Groningen (más de una semana, creo) y la verdad es que de momento no me puedo quejar. Me encanta mi nueva vida aquí.

La ciudad mola. Es grande pero sin ser enorme. Tiene de todo. Mi residencia está cerca del centro (10 minutos en bici) y está muy bien también. Espaciosa y con common room’s bastante grandes.

Aquí todo el mundo va en bici, y más te vale que tu también vayas, porque si vas andando son capaces de arrollarte e incluso insultarte. Claro que en bici también te insultan a la mínima que hagas algo extraño. Me compre una bici por 80 euros que está muy bien y la uso para todo. Es de estas de paseo antiguas y la verdad es que es una gozada plantarte en cualquier punto de la ciudad en poco tiempo yendo por el carril bici.

La Universidad de momento pinta bien. Tengo pocas horas de clase (2 cada día y clase de jueves a viernes) y las asignaturas parecen bastante interesantes. Se imparten todas en inglés y de momento lo entiendo todo a la perfección, ya que los profesores holandeses hablan un inglés muy claro y bastante lento. Además te ayudan con todo lo que necesitas. Nos cuidan bastante bien a los erasmus de momento. Dicen que mi uni es bastante difícil pero bueno, las asignaturas me gustan así que me vale.

Si quieres venir de juerga Groningen es una ciudad dígamos… perfecta. Es totalmente universitaria la ciudad. Hay juerga todos los días menos el domingo, y la juerga está muy bien. Es en plan bares por el centro de la ciudad, bastante parecido a Euskadi. Poca discoteca y mucho pub. Mola. Beben mucha cerveza. Muchísima. Está muy barata. Y todos los holandeses son altos y delgados. Rubios la mayoría. Las mujeres también son altas y delgadas. Rubias la mayoría. Están como un tren según los canones de belleza más standards. Ah, de cubatas mejor olvidarse, están muy caros y son una mierda.

Lo que más me gusta de estar aquí es que estoy conociendo a todo tipo de gente de todo tipo de países y con los que tengo conversaciones bastante interesantes. Para alguien como yo al que le encanta conocer a gente, esto es el paraíso. Además todo el mundo tiene cosas que contar y me mola mucho el rollo que se lleva.

En mi residencia hay un montón de españoles (en Groningen también hay un montonazo de españoles y también mogollón de gente de Euskadi…) y la verdad es que hay que reconocer que somos como un pequeño gueto. Eso tiene un riesgo, y es que puedes practicar poco inglés. Pero bueno para mi no es gran problema porque intento relacionarme con gente de otros países, que también hay un montón. He conocido chinos (SON MUY GUARROS Y ESTÁN SIEMPRE COCINANDO), japoneses, afganos, griegos (son muy majetes), italianos (me mata su inglés), polacos, rusos, franceses, portugueses… en fin, all over the world. Me encanta.

Además, esto es muy enriquecedor personalmente, de verdad. Incluso estoy aprendiendo a cocinar (que remedio!) y he aprendido a poner lavadoras, limpio mi cuarto, y cosas así. El otro día hasta estuve en el ikea comprando cubo para la ropa sucia, tenderete, sábanas, y así. Quién me ha visto y quien me ve! Voy a salir de aquí hecho un hombre hecho y derecho.

Como podéis ver estoy muy agusto y espero que siga así. Ya iré contando más cosas. Bye!